Redimensionar o comprimir
Son dos operaciones distintas que se confunden constantemente. Una cambia cuántos píxeles tiene la imagen; la otra, cuántos bytes hacen falta para describirlos. Saber cuál te toca ahorra mucho trabajo inútil.
Objetivo actual: 50 KB
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Las dos magnitudes
Toda imagen tiene dos números que la describen, y no están tan relacionados como parece:
- Dimensiones: cuántos píxeles de ancho y de alto. Por ejemplo 4032 × 3024. Determinan cuánto detalle contiene y a qué tamaño se puede mostrar sin verse pixelada.
- Peso: cuántos bytes ocupa el archivo. Por ejemplo 3,8 MB. Determina cuánto tarda en subirse, enviarse o cargarse.
Redimensionar cambia lo primero: tiras píxeles. Comprimir cambia lo segundo: describes los mismos píxeles con menos precisión. Puedes hacer una, la otra, o las dos.
Cuál de las dos necesitas
La pregunta correcta es qué te está fallando:
| Lo que te ocurre | Lo que necesitas |
|---|---|
| «El archivo supera el tamaño máximo» | Comprimir. Es un problema de bytes. |
| «La imagen debe tener como máximo 800 × 600» | Redimensionar. Es un problema de píxeles. |
| La web carga lenta por las fotos | Las dos. Primero al tamaño en que se va a ver, luego comprimir. |
| La foto se ve borrosa o pixelada | Ninguna. Le faltan píxeles y eso no se añade. |
| El correo tarda mucho en enviarse | Comprimir, y si son varias, redimensionar también. |
Por qué reducir medidas ahorra tanto
Porque el peso crece con el área, no con el lado. Si reduces una imagen a la mitad de ancho y de alto, tiene una cuarta parte de los píxeles, y el archivo baja aproximadamente en la misma proporción.
Un ejemplo con números reales de una foto de móvil:
| Medidas | Píxeles totales | Proporción |
|---|---|---|
| 4032 × 3024 | 12,2 millones | 100 % |
| 2016 × 1512 | 3,0 millones | 25 % |
| 1008 × 756 | 0,76 millones | 6 % |
Ahí está la razón de que una foto enorme no baje de 300 KB por más que aprietes la calidad: doce millones de píxeles necesitan bytes solo para existir, aunque cada uno se describa fatal. Y ahí está también el desperdicio más común: subir una foto de doce megapíxeles a un formulario que la va a mostrar en un recuadro de 300 píxeles.
El orden correcto
Cuando hay que hacer las dos cosas, el orden cambia el resultado. La regla general: redimensiona primero, comprime después. Si comprimes y luego reduces, has descartado detalle con cuidado para acto seguido tirar píxeles enteros — trabajo perdido, y a veces los defectos de la compresión se hacen más visibles al reescalar.
Esta herramienta hace lo contrario a propósito, y merece la pena explicar por qué. Aquí no sabes de antemano cuánto hay que reducir: lo que das es un peso objetivo. Así que primero se busca la calidad más alta que quepa manteniendo las medidas originales, y solo si no hay manera se empieza a recortar tamaño por pasos. De ese modo conservas las dimensiones siempre que sea posible, que es lo que la mayoría de los formularios espera. Si tú ya sabes a qué medidas quieres llegar, redimensiona antes con cualquier editor y luego trae el archivo aquí para ajustar el peso.
El mito de los DPI
«Súbelo a 300 DPI» es uno de los consejos peor entendidos que circulan. Los puntos por pulgada describen cuántos píxeles se imprimen en cada pulgada de papel. Es un dato de impresión, y en una pantalla no significa nada: ahí solo cuentan los píxeles que hay.
Cambiar el número de DPI de un archivo sin cambiar los píxeles no añade ni un detalle: solo reescribe una etiqueta. Una imagen de 600 × 400 píxeles tiene el mismo detalle a 72 DPI que a 300 DPI; lo único que cambia es el tamaño al que saldría impresa.
Dicho esto, si el destino es papel, los DPI sí importan, y de ahí viene la confusión: para imprimir bien a 10 × 15 cm necesitas del orden de 1200 × 1800 píxeles reales. La cifra que hay que mirar sigue siendo la de píxeles.
Lo que no se puede hacer
Ampliar no añade detalle. Si una imagen tiene 300 píxeles de ancho y la llevas a 1200, el programa se inventa tres píxeles de cada cuatro copiando y promediando los vecinos. El resultado es más grande y más borroso, y pesa cuatro veces más sin contener nada nuevo.
Es el error clásico al recibir una imagen pequeña y necesitarla grande: no hay ajuste que la arregle, hace falta el archivo original. Lo mismo vale para una foto ya degradada por compresión: la información perdida no vuelve.
A qué medidas reducir
La respuesta buena es: al tamaño al que se va a ver, con un margen. Como referencia:
- Foto de perfil o avatar: 400 – 600 píxeles de lado sobran.
- Imagen dentro de un artículo web: 1200 – 1600 píxeles de ancho cubre incluso pantallas de alta densidad.
- Documento escaneado para leer: 1500 – 2500 píxeles en el lado largo mantiene el texto legible.
- Adjunto para que alguien lo mire: 1600 – 2000 píxeles en el lado largo es más que suficiente.
- Para imprimir: aquí no reduzcas. Necesitas todos los píxeles que tengas.
Preguntas frecuentes
¿Redimensionar y comprimir es lo mismo?
No. Redimensionar cambia cuántos píxeles tiene la imagen; comprimir cambia cuántos bytes hacen falta para guardarlos. Puedes reducir el peso sin tocar las medidas, y al contrario.
¿Esta herramienta redimensiona?
Solo cuando hace falta. Primero busca la calidad más alta que quepa en el peso que pidas manteniendo las medidas originales; si ni con la calidad mínima entra, va reduciendo el tamaño por pasos. La nota técnica del resultado te dice a qué escala ha acabado.
¿Puedo elegir yo las medidas exactas?
Aquí no: la herramienta trabaja con un objetivo de peso, no de dimensiones. Si necesitas unas medidas concretas, redimensiona antes con un editor y luego trae el archivo para ajustar el peso.
¿Subir los DPI mejora la imagen?
No. Los DPI solo dicen a qué tamaño se imprimiría; en pantalla no tienen ningún efecto. Cambiar ese número sin cambiar los píxeles no añade detalle.
¿Se puede recuperar una imagen pequeña ampliándola?
No. Al ampliar, los píxeles nuevos se inventan promediando los que hay, así que sale más grande y más borrosa. Hace falta el archivo original en su tamaño real.