Lee la imagen tal cual
Se respeta la orientación EXIF y se conserva el color original antes de tocar nada.
Sube un JPG o un PNG, escribe los KB que te piden y la herramienta busca la mejor calidad que cabe dentro de ese peso. Nada sale de tu equipo: la compresión ocurre en el propio navegador.
Objetivo actual: 50 KB
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El mismo procedimiento que usa el framework original en Python, ejecutado aquí sobre el lienzo del navegador.
Se respeta la orientación EXIF y se conserva el color original antes de tocar nada.
Búsqueda binaria de calidad JPEG entre 20 y 95 para encontrar el valor más alto que cabe en el objetivo.
Si la calidad no basta, escala la imagen por pasos (90 %, 80 %… hasta el 30 %) hasta entrar en el límite.
El límite no lo decides tú: lo pone quien la recibe. Antes de comprimir a ciegas, busca la cifra exacta — casi siempre está escrita junto al botón de subir el archivo, en letra pequeña.
| Para qué la necesitas | Peso orientativo | Por qué ese margen |
|---|---|---|
| Foto o documento en un formulario oficial | 50 – 200 KB | Son los límites que se ven con más frecuencia. El formulario suele indicarlo; si dice «máximo 100 KB», usa 100. |
| Adjunto de correo | menos de 1 MB | El buzón aguanta más, pero varias fotos grandes hacen que el mensaje tarde o rebote. |
| Imagen dentro de una página web | 100 – 300 KB | Por encima de eso la página empieza a notarse lenta, y eso penaliza en buscadores. |
| Foto de perfil o avatar | 30 – 80 KB | Se muestra en pequeño: más peso no se traduce en nada visible. |
| Documento escaneado para enviar | 150 – 500 KB | Necesita algo más de margen que una foto: el texto es lo primero que se rompe al comprimir. |
Son referencias, no reglas. Si el sitio donde subes el archivo te da una cifra, esa manda: escríbela en la caja del peso.
Elegir mal el formato pesa más que cualquier ajuste de calidad. La misma fotografía guardada en PNG puede ocupar cinco o diez veces más que en JPG, sin verse mejor.
Comprime tirando información que el ojo apenas percibe, y por eso baja tantísimo de peso.
Guarda la imagen exacta, sin perder ni un píxel. Eso es una ventaja con los bordes nítidos y una condena con las fotos.
Esta herramienta aplica esa lógica sola: si subes un PNG sin transparencia lo entrega como JPG, porque pesa mucho menos y se ve igual. Si detecta transparencia, lo mantiene en PNG para no arruinarla.
El JPG trabaja por bloques de ocho píxeles de lado. Cuando aprietas mucho, esos bloques empiezan a notarse: aparecen halos sucios alrededor de las letras y los bordes marcados, y los cielos o las paredes lisas se rompen en bandas de color en lugar de degradar suavemente.
Las zonas planas aguantan una barbaridad. Lo primero que se estropea es el detalle fino: el texto pequeño, las ramas de un árbol, la textura de un tejido. Por eso un documento escaneado necesita más margen que un retrato con fondo desenfocado.
El truco que casi nadie aplica: cuando una foto no entra en el objetivo, reduce píxeles antes que calidad. Una imagen de 4000 píxeles de ancho que se va a ver en un formulario a 600 no gana nada con ese tamaño, y sobra peso por todos lados. Esta herramienta lo hace en ese orden — primero busca la calidad más alta posible y solo reduce medidas cuando no queda otra.
Para juzgar el resultado, mira la comparación de arriba: las dos imágenes se muestran al mismo tamaño a propósito. Fíjate en los bordes del texto y en las zonas de cielo. Si canta, sube unos KB en la caja del peso y vuelve a comprimir; casi siempre hay un punto en el que deja de notarse.
Base64 es la imagen escrita como una tira larguísima de texto. Sirve para pegarla dentro del
propio código — en un src de HTML, en un background-image de CSS o en el
cuerpo de una petición — sin necesidad de alojar el archivo en ningún sitio. El modo Data URI de esta
herramienta ya te lo da con el prefijo puesto, listo para pegar.
Tiene un coste que conviene saber: convertir a texto engorda la imagen alrededor de un tercio. Una imagen de 90 KB se convierte en unos 120 KB de texto.
Merece la pena con iconos pequeños, con plantillas de correo donde no puedes enlazar archivos externos, o cuando quieres evitar un archivo suelto. No merece la pena con imágenes grandes ni con imágenes que se repiten en muchas páginas: al ir dentro del código se descarga siempre entera, mientras que un archivo aparte se guarda en la memoria del navegador y solo viaja una vez.
No. El archivo se abre y se comprime dentro de tu navegador; no se envía a ninguna parte ni queda almacenado.
Los PNG con transparencia se mantienen como PNG para no perder el canal alfa, y ese formato comprime mucho menos. En ese caso la herramienta reduce el tamaño en píxeles y entrega el resultado más ligero que ha conseguido.
Para incrustar la imagen directamente en HTML, CSS o en el cuerpo de una petición, sin alojar el archivo. El modo Data URI ya incluye el prefijo listo para pegar en un src o un background-image.
Es gratis y sin registro, y no hay límite de imágenes: como todo el trabajo lo hace tu propio navegador, no hay servidores que pagar por cada archivo. Pulsa «Limpiar» y comprime la siguiente.
Todavía no: se hace de una en una. El botón «Limpiar» deja el panel listo para la siguiente sin recargar la página.
Sí. Cada vez que se guarda un JPG se vuelve a comprimir y los defectos se acumulan, aunque subas el objetivo de peso. Parte siempre del archivo original, no del que ya te descargaste.
Se eliminan. Al reconstruir la imagen, el navegador conserva la orientación correcta pero descarta el resto de metadatos, incluidas la fecha, el modelo del móvil y las coordenadas donde se tomó. Si vas a enviar una foto a un desconocido, eso juega a tu favor.
Sí, y funciona igual: el archivo se procesa en el propio teléfono. Con fotos muy grandes puede tardar unos segundos más que en un ordenador.
La comparación de arriba muestra el antes y el después al mismo tamaño. Si el objetivo es muy exigente para una foto grande, sube unos KB en la caja del peso antes de aceptar un recorte agresivo.
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